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Las Leishmaniasis son un grupo de enfermedades infecciosas muy distintas entre si, producidas por un protozoario perteneciente al género Leishmania.
La Leishmania, es protozoario que parasita a una amplia variedad de vertebrados. Es transmitido a los humanos cuando la hembra de un insecto denominado flebotomo (En el viejo mundo, son los vectores los Flebotomos, y en el Nuevo Mundo, las Lutzomyias) ingurgita la sangre de estos animales y tras continuar su desarrollo dentro del insecto, son inoculados a través de su saliva a un nuevo hospedero.
Una vez dentro del hospedero, penetran en los macrófagos (células del sistema inmunológico), dentro de los cuales, sobrevivirán a los mecanismos que se encargarían de destruirlo, multiplicándose hasta destruir al macrófago. De esta forma se liberan para infectar a otras células monocíticas. Aunque las leishmaniasis se pueden clasificar de acuerdo a sus implicaciones epidemiológicas o a la especie infectante, existen dos cuadros clínicos básicos y definidos: la Leishmaniasis cutánea y la visceral.
La Leishmaniasis Visceral abarca una amplia gama de lesiones y manifestaciones de inicio variable, con periodos de incubación que varían de semanas hasta años. Las manifestaciones clínicas de la enfermedad ya avanzada incluyen:
- Fiebre prolongada.
- Caquexia.
- Agrandamiento del Bazo y/o del Hígado.
- Anemia.
- Leucopenia (Neutropenia, eosinopenia marcada y linfocitosis relativa con monocitosis)
- Trombocitopenia relacionada a hemorragia, hipergammaglobulinemia (Con predominio de Inmunoglobulina G).
- Hipoalbuminemia.
Las Leishmaniasis cutáneas presentan periodos de incubación que varían de semanas a meses. Consisten en lesiones que progresan de pápulas a placas (Lisas o con descamación), que pueden presentar una ulceración central, hasta formar cicatrices atróficas. Las lesiones también pueden ser papulonodulares, nodulares y noduloulcerosas.
El Diagnóstico requiere la detección del parásito en muestras de los sitios infectados, bajo el microscopio o en cultivo in vitro. Existen también métodos diagnósticos inmunológicos.
El tratamiento depende de la forma en que se presente la enfermedad y también de la especie infectante, y contempla la administración de compuestos pentavalentes de Antimonio y otros antibióticos, como la Anfotericina B, Paromomicina y Pentamidina, entre otros, así como el tratamiento de apoyo, que incluye el manejo de la desnutrición, la anemia, las hemorragias y las infecciones recurrentes. El tratamiento debe ser individualizado.
Publicado en Publica tus Artículos autor del artículo Edgar Luna
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